De Mi Yo Real a Mi Yo Ideal

Cuántas veces pensamos que nuestra vida no es aquella que un día imaginamos. Entonces, soñamos con romper con todo y convertirnos en otra persona, ese yo que nunca vio la luz. Pero, ¿por qué buscamos las soluciones en el exterior? ¿Y si están en nuestro interior?

Para Óscar Wilde, “lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo”. El problema que percibió el escritor hace más de cien años continúa. En el siglo XXI, la era de las comodidades, del lujo y de lo material, la insatisfacción, el vacío interior, convive con nosotros.
A menudo nos planteamos si la vida que hemos construido es la adecuada; si se acerca en algo a aquello que soñamos un día. Entonces, la frustración nos invade y nos surgen miles de preguntas, la mayoría de las veces sin respuesta: ¿Debo perseverar en la búsqueda de mi yo soñado o debo arrojar la toalla, adaptándome a lo que tengo y lo que soy? ¿Es la vida la que se ensaña conmigo o soy yo, que no deseo lo suficiente cambiar para ser feliz? ¿Debo luchar o debo esperar que algún día se produzca un “milagro” que me haga sentirme en plenitud? Esas crisis de indecisión se recrudecen aún más porque recordamos que esta vida es la única que vamos a vivir mientras no se demuestre lo contrario.
La era del despertar de los sentidos
En la sociedad de hoy cada vez nos sentimos más vacíos, ¿por qué? ¿qué nos ocurre? Nurieta González, psicóloga y directora del Centro de Psicoterapia Humanista, cree que estas dudas vitales son positivas: “Estamos en los albores de sentirnos a nosotros mismos. Hemos estado durante miles de años ocupados en sobrevivir y, además, la vida era mucho más corta. El que nos sintamos vacíos puede verse tanto como un aviso de que algo va mal como que somos muy afortunados de tener tiempo para algo más que la subsistencia”.
La opinión del psicólogo Ferrán Salmurri en su obra Libertad emocional (Paidós) va en la misma dirección: “Los seres humanos estamos, emocionalmente hablando, poco menos que en la prehistoria. No hemos cambiado mucho más allá de la acción-reacción (...) Pero hoy está a nuestro alcance el conocimiento necesario para la mejora en la libertad emocional. Entendiendo esa libertad emocional como una praxis, su ejercicio nos reporta una inmensa esperanza de cambio”.
Las necesidades de cambio pueden venir dadas por un hecho concreto, pero hay algunas etapas de la vida en las que son más comunes: durante la adolescencia, cuando se toman las primeras decisiones serias; más adelante, cuando comienzan las elecciones decisivas en la vida amorosa y profesional; aproximadamente alrededor de los 40, cuando se atraviesa la conocida crisis del ecuador de la vida...
En todos estos casos, tendemos a buscar las soluciones en el exterior, pero ¿y si se encuentran en nuestro interior? En muchas ocasiones de lo que se trata es de contruir nuestro propio camino y para eso hay que ponerse manos a la obra. No aceptar la posición cómoda de “la vida es así”.
Al alcance de todos
Se puede cambiar. Eva Bach y Pere Darder, autores de Des-edúcate (Paidós), aseguran que “los últimos estudios sobre el cerebro demuestran que es posible hacer algo así. Se trata de un órgano plástico, con una base genética llena de posibilidades, que se va configurando a partir de la interacción con los otros y el aprendizaje. No estamos, por tanto, genéticamente predeterminados”. No estamos condenados a sufrir. Poniendo de acuerdo mente y corazón, deseando, luchando, se puede cambiar la realidad. Para Ortega y Gasset, si no actuamos no vivimos: “La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada”. Los caminos a explorar son múltiples, pero la decisión de cambiar corresponde a un verdadero deseo de evolución interna.
En la sociedad de hoy, la base para crear un camino propio ya está puesta; el resto corre de nuestra cuenta. Hace décadas se nacía con una biografía escrita. El destino estaba trazado de antemano con unas señas culturales, sociales e ideológicas casi inamovibles. Las tradiciones familiares eran un yugo. Hoy no es así. Los testimonios de personas que han cambiado se multiplican. Con sólo escuchar un poco se pueden recopilar fantásticas historias de libertades redescubiertas. El futuro está abierto y es obligado trabajar en él, mimarlo, pulirlo como a nosotros nos gusta, porque al fin y al cabo es donde vamos a pasar el resto de nuestra vida.“Todos tenemos capacidad de crecer mientras estemos vivos”, considera Nurieta González, para quien en España cada vez más personas buscan mejorar sus vidas. “De momento suelen ser más las mujeres que se deciden. Nosotras siempre hemos percibido nuestro estado interno más que los hombres. La mayor parte de los pacientes inician un proceso terapéutico entre los 30 y los 50 años”.
La búsqueda de esa vida plena no es fácil, ni tiene por qué ser reconfortante. Saber escucharnos sin olvidar los límites es un ardua tarea. Hay, además, un problema añadido. Las opciones comportan riesgos. El destino no está escrito y los accesos de duda son inevitables.
El primer paso para encontrar esa vida ideal, en coherencia con nuestros valores y necesidades, es el deseo de evolución interior. Para Eva Bach y Pere Darder lo que tenemos que hacer es deseducarnos: hay que “tomar distancia de ciertas inercias y rutinas, y empezar a diferenciar lo que soy realmente de aquello en lo que me he convertido por imperativos externos, lo que hago de lo que siento, las emociones que son mías de las que me han sido inducidas desde fuera”.
Emprendiendo la evolución interior
La evolución interior mostrará el camino hacia una vida plena. “Algunos sólo con darse cuenta de algo muy concreto, algo que sólo afecta a la conciencia, vivirán un gran cambio; para otros, el proceso llevará a cambios drásticos”, dice González. Ante las enormes posibilidades que se nos presentan, ya sólo queda actuar. Como se decía en la película de Woody Allen Delitos y faltas, “lo que queda de nosotros al final de nuestra existencia son las selecciones que hemos hecho”. Entonces, hay que elegirlas con mucho cuidado, pero hacerlo y hacerlo con paso firme y decidido.
Nuestro futuro, nuestra felicidad, depende de ello. Al fin y al cabo quien es feliz vive más y mejor. Muchos estudios lo demuestran. En Estados Unidos se realizó uno tomando fotos de las alumnas de un colegio en 1960. Años después, se comprobó que quienes tenían una sonrisa más sincera y espontánea se sentían después más satisfechas.
Como dijo Hammarskjold, político y economista, premio Nobel de la Paz, comienza ahora un largo camino porque “el viaje más largo es el viaje hacia nuestro interior”.
La búsqueda de nosotros mismos
El primer paso para encontrar la vida ideal es el deseo de evolución interior.
. Estamos despertando de la prehistoria emocional, comenzando a descubrirnos a nosotros mismos, lo que nos lleva a plantearnos más dudas y sentirnos más vacíos. Sin embargo, hoy tenemos las armas para cambiar eso que no nos gusta.
. El futuro está abierto, no hay límites, los caminos son múltiples, pero muchas veces no avanzamos porque lo desconocido da vértigo.
. Además, la búsqueda de una vida plena es una tarea ardua, muy lejos de la comodidad que permiten la adaptación o resignación.
. ¿Una vida cómoda o una vida plena? Nosotros decidimos. Somos los dueños de nuestro futuro; en definitiva, del resto de nuestra vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada